En un pequeño pueblo a orillas del mar llamado
Gresmort, vivía un pequeño niño de nueve años llamado Charlie, junto a sus dos
hermanos pequeños y su padre. Charlie asistía a la escuela del pueblo como los
demás niños de su edad, en las tardes salía al parque con su caja de madera a
limpiar zapatos. No tenía más remedio ya que su padre era viudo y no le iba muy
bien en el negocio de la pesca, además tenía que hacerse cargo de sus hermanos
más pequeños.
Cierta tarde, cuando Charlie había salido al parque
en busca de clientes, notó que había muchísima gente alborotada y reunida justo
frente al parque, en este lugar se encontraba la vieja torre del reloj. Charlie
de inmediato pensó que pudiera conseguir clientela, con toda esa gente allí
reunida. Pero en lugar de eso, la gente le iba informando de lo sucedido.
Edward Preston, el viejo cuidador de la torre del
reloj, había muerto. Todos estaban conmocionados y a la vez preocupados, ya que
el anciano Preston, era la única persona encargada del mantenimiento del viejo
reloj. Todos en el pueblo siempre igualaban sus relojes con la hora de la torre
para hacer sus quehaceres, desde el
ayuntamiento, hasta la escuela, al igual que el papá de Charlie.
La preocupación de los pobladores de Gresmort,
pasaba porque el viejo Edward Preston, aparentemente, no tenía ningún
descendiente ni familiar cercano. Desde siempre un Preston estaba dedicado al
cuidado y mantenimiento del viejo reloj, motivo por el cual la gente del pueblo
estaba muy inquieta. Nadie más sabía sobre cómo dar cuerda, o realizar el
mantenimiento necesario para que el viejo reloj siguiera funcionando.
En ese momento, Charlie sonrió, corrió hasta donde
se encontraba el alcalde, a ofrecerse
como cuidador del reloj del pueblo. El alcalde y algunos de sus colaboradores
no le prestaron demasiada atención al principio, pero el niño insistió y empezó
a describirles el trabajo que había que realizar y el tiempo que requería cada
una de esas tareas. Con más calma, el alcalde pidió al muchacho que le cuente
donde había aprendido estas cosas, además de por qué no estaba su padre con él
en ese momento.
Charlie le comentó al alcalde, que en su casa habían
unos extraños libros, en los que se indicaba paso a paso, el mantenimiento y
cuidado de cierto tipo de reloj de torre. Ni su padre había podido determinar
el origen de esos libros en la casa, al parecer pertenecían a la esposa del
pescador, que los había escondido, hasta que los niños pudieran leer.
En ese momento, el alcalde mandó llamar al padre de
Charlie, que por esa hora debía estar en la cantina cerca del parque, el padre
de Charlie acudió asustado al llamado del alcalde, y al ver al pequeño Charlie
en ese lugar, se asustó y, de inmediato pensó en regañar al niño, pensando que
pudiera haber hecho alguna travesura en el pueblo. El alcalde lo tranquilizó y
de inmediato le preguntó quién era su esposa. El pescador, con una expresión de
sorpresa en su rostro, le dijo su nombre y que ya había muerto hace unos tres
años. El nombre le sorprendió al alcalde, y de inmediato les dijo a todos los
presentes que salieran de la habitación, exceptuando a Charlie y su padre.
El alcalde era una persona mayor, y había conocido a
la madre de Charlie, pero además había conocido al padre de esta, les explico
que ella, al igual que él, había venido de un pueblo no muy lejos de Gresmort. La
madre de Charlie, en ese momento, era una niña de unos ocho años, la migración
de aquel pueblo se produjo por una extraña enfermedad, que no cabe mencionar en
este momento. Varias personas iban en grupos familiares, y la madre de Charlie,
había perdido a sus padres por esta extraña enfermedad, por lo que el alcalde
la llevo junto con los suyos. Con el tiempo el viejo Preston, que era muy amigo
del alcalde, la pidió en adopción, para dejarle como herencia, la tradición de
cuidar y mantener el viejo reloj de la torre, pero con el tiempo la muchacha se
hizo muy rebelde y decidió huir de la casa del viejo Preston.
Luego de algunos años, esta jovencita regresó, pero
ya había cambiado su nombre, y ya nadie en el pueblo pudo reconocerla, excepto
el viejo Preston, que la había cuidado muchos años, pero nunca fue capaz de
decirle que vuelva a su lado. La madre de Charlie, conoció al que sería su
esposo, el padre de Charlie, se casaron y tuvieron a los tres pequeños, hasta
que una enfermedad mortal, termino con su vida.
El viejo Edward
Preston, que para entonces, había mandado redactar su testamento, con
instrucciones que solo el alcalde conocía. El alcalde sabía exactamente de
quien se trataba y, ahora que el viejo Preston muriera no podía ejercer la
última voluntad del viejo cuidador.
El testamente era claro, la única persona que
heredaría la cuantiosa fortuna del viejo cuidador del reloj, era la madre de
Charlie. El alcalde mandó de inmediato que hicieran efectivo el testamento, a
nombre de los tres pequeños, los cuales junto a su padre gozaron, desde
entonces de una buena vida. Primero Charlie se dedicó a mantener el reloj, después
de clases, luego su padre dejo su amargura y desdén por la vida, para
convertirse en un buen padre.
La vida a veces nos sonríe
en los momentos menos sospechados, quizás no con una fortuna, tal vez no con
una historia que nos haga famosos, pero si somos felices y hacemos feliz al
resto, es suficiente. Todo lo demás es ganancia.