jueves, 16 de octubre de 2014

Charlie y la Torre del Reloj



En un pequeño pueblo a orillas del mar llamado Gresmort, vivía un pequeño niño de nueve años llamado Charlie, junto a sus dos hermanos pequeños y su padre. Charlie asistía a la escuela del pueblo como los demás niños de su edad, en las tardes salía al parque con su caja de madera a limpiar zapatos. No tenía más remedio ya que su padre era viudo y no le iba muy bien en el negocio de la pesca, además tenía que hacerse cargo de sus hermanos más pequeños.

Cierta tarde, cuando Charlie había salido al parque en busca de clientes, notó que había muchísima gente alborotada y reunida justo frente al parque, en este lugar se encontraba la vieja torre del reloj. Charlie de inmediato pensó que pudiera conseguir clientela, con toda esa gente allí reunida. Pero en lugar de eso, la gente le iba informando de lo sucedido.

Edward Preston, el viejo cuidador de la torre del reloj, había muerto. Todos estaban conmocionados y a la vez preocupados, ya que el anciano Preston, era la única persona encargada del mantenimiento del viejo reloj. Todos en el pueblo siempre igualaban sus relojes con la hora de la torre para hacer sus quehaceres,  desde el ayuntamiento, hasta la escuela, al igual que el papá de Charlie.

La preocupación de los pobladores de Gresmort, pasaba porque el viejo Edward Preston, aparentemente, no tenía ningún descendiente ni familiar cercano. Desde siempre un Preston estaba dedicado al cuidado y mantenimiento del viejo reloj, motivo por el cual la gente del pueblo estaba muy inquieta. Nadie más sabía sobre cómo dar cuerda, o realizar el mantenimiento necesario para que el viejo reloj siguiera funcionando.

En ese momento, Charlie sonrió, corrió hasta donde se encontraba el alcalde,  a ofrecerse como cuidador del reloj del pueblo. El alcalde y algunos de sus colaboradores no le prestaron demasiada atención al principio, pero el niño insistió y empezó a describirles el trabajo que había que realizar y el tiempo que requería cada una de esas tareas. Con más calma, el alcalde pidió al muchacho que le cuente donde había aprendido estas cosas, además de por qué no estaba su padre con él en ese momento.

Charlie le comentó al alcalde, que en su casa habían unos extraños libros, en los que se indicaba paso a paso, el mantenimiento y cuidado de cierto tipo de reloj de torre. Ni su padre había podido determinar el origen de esos libros en la casa, al parecer pertenecían a la esposa del pescador, que los había escondido, hasta que los niños pudieran leer.

En ese momento, el alcalde mandó llamar al padre de Charlie, que por esa hora debía estar en la cantina cerca del parque, el padre de Charlie acudió asustado al llamado del alcalde, y al ver al pequeño Charlie en ese lugar, se asustó y, de inmediato pensó en regañar al niño, pensando que pudiera haber hecho alguna travesura en el pueblo. El alcalde lo tranquilizó y de inmediato le preguntó quién era su esposa. El pescador, con una expresión de sorpresa en su rostro, le dijo su nombre y que ya había muerto hace unos tres años. El nombre le sorprendió al alcalde, y de inmediato les dijo a todos los presentes que salieran de la habitación, exceptuando a Charlie y su padre.

El alcalde era una persona mayor, y había conocido a la madre de Charlie, pero además había conocido al padre de esta, les explico que ella, al igual que él, había venido de un pueblo no muy lejos de Gresmort. La madre de Charlie, en ese momento, era una niña de unos ocho años, la migración de aquel pueblo se produjo por una extraña enfermedad, que no cabe mencionar en este momento. Varias personas iban en grupos familiares, y la madre de Charlie, había perdido a sus padres por esta extraña enfermedad, por lo que el alcalde la llevo junto con los suyos. Con el tiempo el viejo Preston, que era muy amigo del alcalde, la pidió en adopción, para dejarle como herencia, la tradición de cuidar y mantener el viejo reloj de la torre, pero con el tiempo la muchacha se hizo muy rebelde y decidió huir de la casa del viejo Preston.

Luego de algunos años, esta jovencita regresó, pero ya había cambiado su nombre, y ya nadie en el pueblo pudo reconocerla, excepto el viejo Preston, que la había cuidado muchos años, pero nunca fue capaz de decirle que vuelva a su lado. La madre de Charlie, conoció al que sería su esposo, el padre de Charlie, se casaron y tuvieron a los tres pequeños, hasta que una enfermedad mortal, termino con su vida.

El  viejo Edward Preston, que para entonces, había mandado redactar su testamento, con instrucciones que solo el alcalde conocía. El alcalde sabía exactamente de quien se trataba y, ahora que el viejo Preston muriera no podía ejercer la última voluntad del viejo cuidador.

El testamente era claro, la única persona que heredaría la cuantiosa fortuna del viejo cuidador del reloj, era la madre de Charlie. El alcalde mandó de inmediato que hicieran efectivo el testamento, a nombre de los tres pequeños, los cuales junto a su padre gozaron, desde entonces de una buena vida. Primero Charlie se dedicó a mantener el reloj, después de clases, luego su padre dejo su amargura y desdén por la vida, para convertirse en un buen padre.
          
          La vida a veces nos sonríe en los momentos menos sospechados, quizás no con una fortuna, tal vez no con una historia que nos haga famosos, pero si somos felices y hacemos feliz al resto, es suficiente. Todo lo demás es ganancia.

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