Voy a contarles
una historia, mi historia, de la forma más personal posible. Tal vez yo no sea
uno de esos seres, que ha viajado por todo el mundo, o que haya vivido esas
extraordinarias aventuras a lo largo de sus perennes vidas. Tal vez no sea
necesario, viajar por todo el mundo para ver la solemnidad de las personas, o
quizá la majestuosidad de la naturaleza, que a propósito, está cada vez más
disminuida y debilitada en muchos sentidos. De cualquier forma, si están
esperando grandes viajes a través de los calurosos mares del caribe, en
embarcaciones con piratas, o recorridos en grandes y lúgubres ciudades de otras
épocas, que sólo dejan ver la miseria y desolación de la que formamos parte en
algún momento de nuestra historia; pues dejen que les diga, que se equivocaron
de veras de lectura. Esta historia, mi historia, como dije al principio, es más
natural y tradicional.
Como todo ser
vivo en este planeta, o en cualquier otro que albergue vida, tengo que
contarles, donde y bajo qué circunstancias vine a este mundo, pues bien, sería
de empezar por eso entonces. Nací y crecí en el campo rodeado de cuanta hermosa
vegetación, animales silvestres y lindos paisajes que uno pudiera imaginarse, y
actualmente me elevo hasta una señorial altura de unos veinte o treinta metros,
o al menos eso dicen de mí los que viven cerca, y a menudo posan sus ojos sobre
mi copa.
Para ser un
solitario árbol, mi vida tiene muchas historias por contar, que en cierto modo,
podrán parecer triviales o pasajeras, tal vez sin mayor importancia, dirán
algunos, pero para mí, «tomando en cuenta que no puedo moverme a otro sitio»
han formado parte de mi vida.
A lo largo de
toda mi vida, he visto a muchos niños juguetear en mis ramas, muchos otros
caerse y llorar por el dolor, reír casi sin aliento al sostenerse de mi tronco,
a enamorados escribir en mi corteza, lo mucho que se amaban. El tiempo de un
árbol puede ser muy largo o muy corto, todo depende de la utilidad que nos de
él hombre.
El invierno se aproxima, y seré derribado para
servir de leña para el fuego que habrá de abrigar el hogar más cercano. La
naturaleza, con el tiempo, sólo ha servido a las necesidades de la humanidad,
pero sería bueno pensar, cuando la humanidad va a ser necesaria para la
naturaleza.
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