Cada vez que Román escribía uno de sus poemas,
siempre le gustaba entregarlos personalmente, pero esta vez sería un poco más
difícil que de costumbre, más bien se convierta una aventura inesperada.
Román tenía su búnker de trabajo en una vieja cabaña en la cima de una colina, muy despejada, solo un camino lo conducía al camino principal para llevarlo de nuevo al pueblo. Esta vez, ya terminado el poema que había escrito a una nueva conquista, decidió llevarlo por medio del bosque al otro lado del camino, solo con el fin de ahorrarse un par de horas, y poder leérselo el mismo antes del atardecer.
Comenzó la travesía, todo parecía muy normal en el bosque, escucho el sonido de un pequeño río, según lo tenía estudiado, todo iba bien. Cuando llegó al río, noto que era muy fácil cruzarlo si saltaba por sobre unas rocas que formaban un camino, cuando empezó a saltar la primera piedra, escucho un leve canto, más bien como una pequeña nota musical, acabo de colocar su pie y de repente estaba parado en una isla muy desolada, como una roca gigante, miró a su alrededor y no vio al mar sino algo que corría como un rio, ¡sí! Era el mismo río que estaba cruzando y la isla desolada, no era otra cosa que la primera roca del paso del rio, Román se había encogido hasta el tamaño de un pequeño roedor.
Lo primero que pasó por la mente de Román, fue seguir con el camino, ya que estaba dispuesto a llegar a su destino como fuese necesario, pensó en como cruzar a la siguiente roca, cuando vio una especie de mapa grabado en la roca sólida, más bien parecían unas instrucciones, solo los nobles valientes encontraran el camino, todo esto escrito sobre unos dibujos en la piedra que daban forma de un mapa, el cual mostraba un puente de madera y una canoa, pero todo en una forma circular, como tratando de regresar al comienzo.
Luego de revisar el mapa, Román caminó hasta
la orilla, y encontró un pequeño puente, tenía por nombre el puente de los descalzos, no puso mucha atención al
nombre y empezó a caminar, al dar el primer paso, los viejos maderos del puente
se empezaron a caer uno por uno, Román retrocedió rápidamente, y aun exaltado
por el susto pensó, claro si el puente es de los descalzos, es así como debo
cruzarlo. Inmediatamente se quitó los zapatos y empezó a caminar sobre el
puente nuevamente, esta vez todo parecía normal y ningún madero se volvió a
caer, ya estaba a punto de cruzar al otro lado, cuando colocó su pie derecho al
otro lado del puente, volvió a escuchar la pequeña nota musical, no puso mucha
atención esta vez, de repente se encontró nuevamente en medio del bosque, justo
antes de encontrarse en el rio, no sabía que rumbo tomar, si regresar a casa o
intentar atravesar el rio nuevamente.
Corrió rápidamente al sonido del rio, ya que estaba decidido en su misión, y no podía detenerse por más peligroso o inesperado que pudiera ponerse el camino, pero esta vez no había ninguna roca para poder cruzar, entonces vio unas palabras en el piso, que decían el paso del temor, no muy entusiasmado empezó a caminar, al principio había poca agua y el rio no era muy ancho, así que pensó que estaría muy pronto del otro lado, de repente se empezó a sumergir muy rápidamente como si estuviera cayéndose en un pozo, sus temores eran mayores a cada instante, el agua rozaba su mentón, enseguida pensó en el puente y lo extraño que parecía todo esto desde un comienzo, entonces empezó a cambiar su temor por valor, del temor en su corazón de estar ahogándose, pensó con valentía muchas cosas que había realizado en sus aventuras. Ahora el agua empezaba a disminuir casi mágicamente y sus pasos se hacían más firmes y pronto llegó a la orilla, lo había logrado. Justo en el momento mismo de colocar su pie en tierra firma, escucho nuevamente la leve nota musical, esta vez le pareció más conocida, no por haberla escuchado, sino porque casi estaba seguro de su procedencia.
Pero antes de encontrar respuesta a sus incógnitas, nuevamente estaba parado en medio del rio, esta vez no era diminuto, ni estaba parado en un puente ni mucho menos parado en el agua, era más bien una especie de embarcación, como una pequeña canoa, que no se movía para ningún lado, a pesar de la corriente del rio, pero eso no era lo más extraño, al mirar a un lado del rio y luego girar para ver el otro lado, noto que los dos eran exactamente iguales, como si el rio se moviera en el mismo sentido por los dos lados y el bosque fuera exactamente igual en ambas direcciones. Se sentó y cerró los ojos por un momento, pensó en todo lo que le había pasado hasta ese momento, y a lo mejor esto se trataba de una nueva forma de para hacerle encontrar la ruta correcta, tal como se describía en el mapa de la primera piedra.
Román abrió sus ojos, y miro en el fondo de la pequeña embarcación una especie de placa que decía, estas por encontrar el camino, solo si sabes cuál es el camino. Era muy confuso, más que los anteriores letreros, que más bien eran fáciles de interpretar, pensó un largo rato hasta que se le ocurrió una idea un tanto inverosímil, voltear la canoa con él sujetándola, pensó que no tenía salida en la superficie, bajo el agua estaría la respuesta, con mucha fuerza volteo la pequeña embarcación y al girar no se ahogaba ni entraba al rio, al contrario salía de nuevo a la superficie, estaba nuevamente en el rio, y esta vez logró mirar el paso hacia el otro lado. De un salto lo atravesó, ya no escucho la melodía, pero pensó nuevamente en ella y ya la recordó completamente, se trataba de una melodía que entonaba la persona a la cual llevaba el poema, la canción con la que lo enamoró, estaba próximo a llegar hasta su casa, y la vio esperando en la puerta, como si supiera que estaba por llegar. Román sacó rápidamente el poema que le había escrito para empezar a leérselo, y ella se le adelanto interrumpiéndole con un gesto que le daba a entender que no hacía falta ya que le leyera dicho poema de amor. Ella más bien empezó contarle que no era la persona que él creía, ella era la hija de una sirena y un pescador, por ese motivo tenía cierta magia, y todo lo que Román había padecido no era más que una especie de protección de otras personas que también la buscarían, pero con fines no muy leales. Román estaba sumamente sorprendo por todo lo que había escuchado, ella simplemente sonrió y lo abrazó fuertemente, y le dijo que era la persona que ella había estado esperando por mucho tiempo.
La prueba de nuestro Poeta Valiente, no era otra más que la prueba del amor verdadero. No importa si en el camino nos vemos reducidos, atrasados, confundidos, lo importante es salir adelante siempre escuchando nuestro corazón.